Log /

Saludos!

La ultima vez os hablé de Kathmandu y su cara mas fea, esa tan caótica y ruidosa. Pero una vez acostumbrados al ritmo de vida de esta ciudad también podemos disfrutar de ella, pues en el fondo tiene su encanto y además hay bastantes cosas que ver.

El gran terremoto de abril de 2015 causó estragos en la ciudad, y cuando yo fui aún no había pasado un año. Esto se notaba aunque no tanto como cabría esperar. El ritmo de vida era ya totalmente normal y los destrozos no se notaban en exceso (las casas se construyen tan rápido como se destruyen). Por desgracia la gran excepción era la plaza Durbar, donde numerosos templos con siglos de antigüedad se vinieron abajo por completo y los que seguían en pie estaban apuntalados o rodeados de andamios. Se veían montones de ladrillos aquí y allá, y pequeños grupos de obreros trabajando a un ritmo, digamos, muy relajado. Tampoco me extraña teniendo en cuenta los medios con los que cuentan y lo que deben cobrar…Aún así, la visita vale la pena pues lo que queda sigue siendo muy interesante.

Otros monumentos han corrido mejor suerte y y se conservan bastante bien, como son algunas de las famosas estupas, esas torres con montones de banderas de oración colgando y que son rodeadas por monjes budistas mientras recitan mantras. La mas grande es la de Swayambhunath, a la que se sube por unas enormes escaleras. Arriba, además del monumento, esperan unas buenas vistas sobre la ciudad y un montón de monos tratando de robar nuestra comida. Me acuerdo de comprar un paquete de fruta variada para comerla allí mismo y tener que ponerme junto al vendedor, que con un tirachinas me defendía de los ataques de los macacos. “Eat here. If not, monkey attack!”. Muy profesional el tío :P.

Tal vez lo mas interesante sea simplemente perderse por las calles de la ciudad, que esta llena de vida. De vez en cuando se llega a plazas que sirven de mercado, como la del vídeo anterior, o a pequeños templos con un ambiente muy tranquilo y libre de ruidos. El barrio de Thamel, donde se aloja la mayoría de los turistas, esta lleno de cafeterías y restaurantes de todo tipo, y sobre todo de tiendas de ropa de montaña de imitación, especialmente de North Face. La verdad es que las réplicas son buenas y obviamente mil veces mas baratas que los productos originales, aunque ya hablaré de esto cuando llegue el momento de comentar los preparativos para hacer alguna ruta. También hay un montón de tiendas de todo tipo para comprar cualquier cosa imaginable y muchos vendedores ambulantes, que llevan sus bicis cargadas de fruta, mazorcas de maíz o lo que sea.

Por la noche la ciudad tenía un aire misterioso. Debido a los problemas económicos del país, a menudo el gobierno propiciaba apagones para ahorrar luz, por lo que había que salir a la calle con linterna. Además, la actividad nocturna es muy escasa (los nepalies se van pronto a dormir) por lo que muchas calles estaban casi desiertas y parecía mentira que de día hubiese tanto jaleo, la verdad es que a mi me molaba mucho.

Pero si hay algo realmente interesante en Kathmandu es la gente que vive en ella y la manera en que lo hacen, siempre con una sonrisa en la cara. Los nepalies son las mejores personas con las que me he encontrado viajando, y es muy fácil ponerte a hablar con ellos. Por ejemplo, la chica de la foto es la dependienta de una pequeña tienda de souvenirs que se encontraba cerca de la estupa de la foto. Con 20 años ya estaba casada y era madre de una hija. Como me había dejado hacerle una foto decidí comprarle alguna pulsera. Le pedí una pequeña rebaja por llevarme dos (en Nepal se negocia prácticamente todo) y no solo aceptó sino que al final me regaló otra, todo por un precio irrisorio.

Y estas pequeñas interacciones con gente local son las que, para mí, marcan la diferencia en un viaje. De una conversación entre dos personas nacidas en sitios totalmente diferentes siempre tiene que salir algo interesante, y desde luego se aprenden muchas lecciones. Por eso Kathmandu merece la pena, porque si hay algo que hay de sobra en esta ciudad, es gente.

;-)