tagged blog

Hola!

La historia de hoy llega con un día de retraso, pero bueno lunes o martes…tampoco importa, no? :D

En esta ocasión os traigo una de mis fotos favoritas de todas las que hice durante el Circuito del Annapurna, en Nepal. Por si no lo sabéis, se trata de una ruta de dos semanas (o más) a través del Himalaya.

Una de las cosas que mas me gustaron de esta ruta, obviando las increíbles vistas que estas montañas me regalaban cada poco, fue el poder interactuar cada día con gente de por allí. Por el camino iba pasando por diferentes asentamientos y pequeñas aldeas donde me paraba a comer o a dormir en lugares preparados para ello.

Esta foto la hice en Manang, uno de los pueblos mas importantes. Esta situado a 3300m de altura y bien equipado para los senderistas, por lo que mucha gente decide pasar varias noches en este lugar para aclimatarse y descansar. Incluso hay hoteles y restaurantes de cierto nivel, lo cual no suele ser el caso.

No obstante a mi siempre me gusta acudir a los sitios mas modestos a donde va la gente local. Era el caso del pequeño restaurante donde hice esta foto, un sitio al que solía parar a tomar chocolate o té caliente y a cenar. Estaba regentado por una familia encantadora, felices de verme allí en lugar de en los grandes restaurantes preparados para turistas.

Esta niña era hija de la dueña, y era tan maja como os podéis imaginar. Recuerdo que la madre le dio un paquete de galletas y lo primero que hizo esta pequeña fue ofrecerme una. Casualmente eran mis favoritas, así que acepté y al momento ya me estaba dando otra, con una gran sonrisa en su cara. Esta tontería me conmovió mucho. A veces los que menos tienen son los que mas dan, y además lo hacen encantados.

Este es solo un pequeño ejemplo de la amabilidad y la belleza de la gente Nepali, la mejor con la que me he topado hasta ahora. Tenemos mucho que aprender de ellos en cuanto a generosidad, amabilidad y agradecimiento.

Esa es una de las muchas cosas buenas que tiene viajar, que te abre los ojos, no creéis?

Por cierto, quizá os hayáis preguntado porqué la niña tiene las mejillas tan coloradas. Bien, se trata de una especie de ungüento muy típico de algunas zonas de el Himalaya y del Tíbet que se pone en la cara para proteger la piel del frío y el sol, algo así como una mascarilla natural hecha con base de hierbas.

Hasta la semana que viene!

Lunes de nuevo, que rápido pasa el tiempo, ¿no?.

Hoy os muestro una foto que representa lo que fue otra gran aventura, esta vez en marzo de este mismo año, en Perú.

Se trata de una fotografía que realicé durante el popular Camino del Inca, una ruta de 3 días y medio que nos lleva hasta las impresionantes ruinas de Machu Pichu. Personalmente, creo que esta es la mejor forma de visitar este increíble lugar, pues llegar allí tras varios días de esfuerzo es una enorme recompensa, mucho mas agradecido que visitarlo viajando en tren + autobús.

Lo que veis en la foto es concretamente uno de los tramos más difíciles de toda la ruta. Se trata de la subida al punto mas alto del recorrido, “El paso de la mujer muerta” a 4200m sobre el nivel del mar. Al fondo de la imagen se ve perfectamente el punto de partida y el camino que asciende hasta la cima, para que os hagáis una idea de lo larga que es la subida, que parecía no tener fin.

SI os fijáis bien, caminando detrás del hombre del primer plano podréis ver a una senderista camuflada con un poncho verde. Estos ponchos estaban a la orden del día porque lo cierto es que a mi y a mi grupo nos tocaron 3 días de mucha niebla y continua llovizna que te calaba hasta los huesos y te comía la moral, ademas de un fastidio a la hora de sacar la cámara! Eso si, la sensación de aventura y de estar atravesando un terreno salvaje también era mayor.

Yo tengo que decir que por aquellos meses estaba muy en forma y subía muy deprisa, aún con una mochila de 10 kilos a la espalda. Aún así, ya sabéis que por aquellas tierras hay una solución muy socorrida para combatir el mal de altura (allí llamado “soroche”) y la fatiga; mascar hoja de coca.

Los porteadores recurren mucho a ello porque además también quita la sed, lo cual les evita cargar con excesiva agua y parar cada poco a beber. Yo no me sentí especialmente necesitado, pero aún así la probé durante algunas subidas duras y la verdad es que si parecía proporcionar algo de energía. Eso si, la sensación de masticar hojas es bastante extraña al principio y el sabor amargo podría no gustar a todo el mundo. Aunque he de decir que uno de mis compañeros de grupo, un chico argentino, le pilló el gusto y la tomaba a todas horas, creo que se hizo adicto! jaja.

Al final del camino esperaban unas vistas espectaculares del paisaje andino y un buen descanso. Aún quedaba mucho para llegar a Machu Pichu, pero lo mas duro había pasado.

Espero que tengáis una buena semana, hasta la próxima historia! ;-)

Que tal?

Hoy es lunes otra vez así que vamos con la foto-historia de hoy.

Hice esta foto de esta preciosa niña inglesa en un hotel de Tenerife. ¿Como que en un hotel?. Pues si, de hecho se trataba de mi primer trabajo como fotógrafo remunerado allá por 2011 y consistía precisamente en eso, en hacer fotografías a los clientes para después venderlas.

No era tan bonito, porque la mayoría de las veces se trataba de fotografías de niños (y no tan niños) haciendo el canelo en la piscina o en un castillo hinchable. Además mi jefe era un [introduzca insulto aquí] y prácticamente me obligaba a acosar a los clientes día tras día con mi cámara. Por si fuera poco, a menudo a los compradores les encantaba estropear las fotos de sus hijos colocándoles un marco de la revista Hola! o de Las Tortugas Ninja a la hora de imprimirlas…

Pero de vez en cuando sucedían pequeños milagros. Como cuando vinieron unos padres ingleses y me dijeron “a ver que fotos le puedes hacer a nuestra hija”. Esa era Ababella, la niña de la foto que, la verdad, tenía un don natural para posar. Ahí es cuando yo disfrutaba y podía sacar a la luz algo de creatividad, pues cuando tienes tiempo y motivación las cosas siempre salen mejor.

Por supuesto los padres de Aba quedaron encantados y se llevaron un CD lleno de fotos de su hija.

Por cierto, cualquiera que me siga en instagram sabe que tengo debilidad hacia las fotografías de niños. No es que guarde muy gratos recuerdos de aquel trabajo en Tenerife, pero a veces pienso que tal vez sirvió para sentar las bases de lo que sería mi fotografía de retrato en el futuro. De hecho suelo recurrir bastante a este plano casi cenital que utilicé para la foto.

Ya sabéis, de toda experiencia se aprende algo! Hasta la próxima historia ;-)

PD: No duré más de 4 meses en ese curro. Me acabaron echando por “exigir” cosas a las que todos tenemos derecho, pero ahorre lo suficiente como para comprarme una flamante Nikon D7000 que se convertiría en mi mejor compañera de viajes!

Muy buenas!

Hoy os traigo una de mis fotos mas conocidas, una que a mi personalmente me gusta mucho pues refleja el contacto entre el hombre y la naturaleza, y también el respeto que deberíamos de mostrar por ella. Además, es una foto con una curiosa historia detrás que ahora os voy a comentar.

Me encontraba en Malasia, concretamente en el “Bako National Park”, al norte de la isla de Borneo (el resto pertenece a Indonesia). Este parque nacional merece una mención aparte porque es una pasada de sitio que bien vale un viaje a este país, especialmente si os gusta disfrutar de la naturaleza así que otro día ya le dedicaré una lineas.

El caso es que yo me encontraba dentro de mi alojamiento en plena selva de Borneo, una especie de bungalow de madera con habitaciones compartidas. Era la mañana del tercer día y tocaba prepararse para marchar pero, como era habitual en esa época del año, estaba cayendo el diluvio universal, una tormenta que parecía no tener fin. Preparé la mochila y salí a la zona cubierta de afuera para tomar el aire mientras esperaba a que parase la lluvia para ir a dar una vuelta. Fue entones cuando vi algo pequeño y naranja en el suelo. Era el pájaro de la foto.

Si no me equivoco, se trataba de un tipo de Martín Pescador, una especie de pájaro muy pequeño y de colores muy llamativos. Y hasta aquí llegan mis conocimientos sobre Ornitología :D. El pobre estaba como acurrucado debajo de una mesa. Yo pensé que ,debido a la tormenta, seguramente se habría metido una leche contra la pared de la casa o contra algún árbol y ahora estaría herido o confuso. Tal vez por eso no me resultó demasiado difícil cogerlo y hacerle unas fotos con mi cámara compacta. Ya me estaba encariñando con el y compadeciéndome por su futuro incierto cuando, de repente, se cagó en mi mano. Apenas me había dado tiempo a poner cara de asco y, aprovechando que la lluvia amainaba, el muy pájaro echó a volar, tan rápido que enseguida lo perdí de vista. Mi cara era algo así como o_O?!

Aún me pregunto como ese pequeñajo, que no estaba herido ni mucho menos y que era perfectamente capaz de volar, me dejó acercarme a el de esa manera. Lo cierto es que a pasar del “regalito” que me dejó yo me alegré por el, y además conseguí una buena foto para el recuerdo.

Cosas de la impredecible naturaleza, supongo. Hasta la próxima!

Saludos!

Ya llevamos 23 días de 2017. A estas horas todos deberíamos tener claro los objetivos y propuestas para el nuevo año, no? Yo tengo claras mis metas, más o menos, pero si hay algo que siempre intento es superarme cada año como fotógrafo.

2016 ha sido un año muy productivo a nivel personal en cuanto a fotografías de calidad, especialmente gracias a ese increíble viaje a Nepal del que ya os he contado algunas cosas. Pero si tuviera que quedarme solo con una, creo que sería con esta foto de un niño en el Himalaya. Creo que es la foto a superar en 2017, y os voy a contar un poco como llegué a hacerla.

Me encontraba realizando el Circuito del Annapurna, en el mes de marzo. El objetivo a corto plazo era llegar a Manang, un pueblo a 3200 metros de altura donde todo senderista suele parar a pasar un par de noches y aclimatarse antes de continuar hacia el Thorong-La, el punto mas alto de la ruta.

Para llegar a Manang hay dos posibilidades; tomar la ruta baja, más corta y fácil, o la alta, más larga y con duras ascensiones, pero recompensado con unas vistas mucho mejores. Yo me decidí por esta última, faltaría más! Además, sería un buen entrenamiento antes de encarar el Thorong-La, un desafiante paso de montaña.

Esta ruta alta pasaba por hacer noche en Ghyaru, una pequeña aldea a 3730m. Lo peor es cuando ves la aldea, allí en lo alto, y te das cuenta de la enorme pendiente que te espera para llegar a ella. Seguramente es uno de los tramos mas difíciles del circuito, pues hay que superar un desnivel de unos 600 metros cuando los pulmones aún no se han acostumbrado a la falta de oxígeno, pero la recompensa son unas increíbles vistas del Himalaya y una buena cena acompañada de té caliente en la pequeña aldea.

Allí, en Ghyaru, fue donde me encontré con este chaval, uno de los pocos habitantes del pueblo. Se quedó mirando para mi como quien ve a alguien venido de otro mundo, y en cierto modo es así para un niño nacido en el Himalaya. En su cara se reflejaba el frío helador del momento. La piel seca y sucia de tantos días jugando a la intemperie. Yo llevaba la cámara en la mano y le hice un par de fotos que luego le enseñé, a lo cual reaccionó con una sonrisa.

Creo que por eso es una de mis fotos favoritas. El momento en el que dos personas nacidas en contextos totalmente diferentes, se miran a los ojos. ¿Que será de este niño en el futuro? No lo sé, pero si sé que no lo va a tener fácil. No tanto como nosotros.

Hasta la próxima!

Saludos!

La ultima vez os hablé de Kathmandu y su cara mas fea, esa tan caótica y ruidosa. Pero una vez acostumbrados al ritmo de vida de esta ciudad también podemos disfrutar de ella, pues en el fondo tiene su encanto y además hay bastantes cosas que ver.

El gran terremoto de abril de 2015 causó estragos en la ciudad, y cuando yo fui aún no había pasado un año. Esto se notaba aunque no tanto como cabría esperar. El ritmo de vida era ya totalmente normal y los destrozos no se notaban en exceso (las casas se construyen tan rápido como se destruyen). Por desgracia la gran excepción era la plaza Durbar, donde numerosos templos con siglos de antigüedad se vinieron abajo por completo y los que seguían en pie estaban apuntalados o rodeados de andamios. Se veían montones de ladrillos aquí y allá, y pequeños grupos de obreros trabajando a un ritmo, digamos, muy relajado. Tampoco me extraña teniendo en cuenta los medios con los que cuentan y lo que deben cobrar…Aún así, la visita vale la pena pues lo que queda sigue siendo muy interesante.

Otros monumentos han corrido mejor suerte y y se conservan bastante bien, como son algunas de las famosas estupas, esas torres con montones de banderas de oración colgando y que son rodeadas por monjes budistas mientras recitan mantras. La mas grande es la de Swayambhunath, a la que se sube por unas enormes escaleras. Arriba, además del monumento, esperan unas buenas vistas sobre la ciudad y un montón de monos tratando de robar nuestra comida. Me acuerdo de comprar un paquete de fruta variada para comerla allí mismo y tener que ponerme junto al vendedor, que con un tirachinas me defendía de los ataques de los macacos. “Eat here. If not, monkey attack!”. Muy profesional el tío :P.

Tal vez lo mas interesante sea simplemente perderse por las calles de la ciudad, que esta llena de vida. De vez en cuando se llega a plazas que sirven de mercado, como la del vídeo anterior, o a pequeños templos con un ambiente muy tranquilo y libre de ruidos. El barrio de Thamel, donde se aloja la mayoría de los turistas, esta lleno de cafeterías y restaurantes de todo tipo, y sobre todo de tiendas de ropa de montaña de imitación, especialmente de North Face. La verdad es que las réplicas son buenas y obviamente mil veces mas baratas que los productos originales, aunque ya hablaré de esto cuando llegue el momento de comentar los preparativos para hacer alguna ruta. También hay un montón de tiendas de todo tipo para comprar cualquier cosa imaginable y muchos vendedores ambulantes, que llevan sus bicis cargadas de fruta, mazorcas de maíz o lo que sea.

Por la noche la ciudad tenía un aire misterioso. Debido a los problemas económicos del país, a menudo el gobierno propiciaba apagones para ahorrar luz, por lo que había que salir a la calle con linterna. Además, la actividad nocturna es muy escasa (los nepalies se van pronto a dormir) por lo que muchas calles estaban casi desiertas y parecía mentira que de día hubiese tanto jaleo, la verdad es que a mi me molaba mucho.

Pero si hay algo realmente interesante en Kathmandu es la gente que vive en ella y la manera en que lo hacen, siempre con una sonrisa en la cara. Los nepalies son las mejores personas con las que me he encontrado viajando, y es muy fácil ponerte a hablar con ellos. Por ejemplo, la chica de la foto es la dependienta de una pequeña tienda de souvenirs que se encontraba cerca de la estupa de la foto. Con 20 años ya estaba casada y era madre de una hija. Como me había dejado hacerle una foto decidí comprarle alguna pulsera. Le pedí una pequeña rebaja por llevarme dos (en Nepal se negocia prácticamente todo) y no solo aceptó sino que al final me regaló otra, todo por un precio irrisorio.

Y estas pequeñas interacciones con gente local son las que, para mí, marcan la diferencia en un viaje. De una conversación entre dos personas nacidas en sitios totalmente diferentes siempre tiene que salir algo interesante, y desde luego se aprenden muchas lecciones. Por eso Kathmandu merece la pena, porque si hay algo que hay de sobra en esta ciudad, es gente.

;-)

Buuuenas!

Hoy voy a hablar por primera vez en este blog sobre el viaje de dos meses a Nepal, a comienzos de este año. Y creo que la mejor manera de empezar es por el principio, es decir, por Kathmandu.

Apenas había pisado la ciudad, y ya tenía claro que había llegado a otro mundo. El aeropuerto era pequeño y bastante feo. Lo primero que hice fue sacar el visado, que me costó bastante caro (90$) porque solo había visados de una semana, un mes o tres meses, y yo quería estar dos, así que pagué por uno de más. Después llego a una especie de control y veo a un grupo grande de gente esperando a que llegara el personal de seguridad, que brillaba por su ausencia, para pasar sus maletas por el escaner. De repente llegan tres tipos sin ningún tipo de uniforme y empiezan a meternos prisa, a la voz de “go!, go!” y nos hacen poner todas las mochilas y maletas prácticamente a la vez en la cinta, por lo que al final se formó una montaña de equipaje que apenas cabía en el escaner. Entre tanto yo hice amago de quitarme el reloj y demás objetos metálicos y uno de los encargados me indicó que me dejase de chorradas y que pasara ya, así que todas las personas pasamos casi corriendo por los rayos X. Podía haber metido una bomba nuclear en la mochila y habría pasado perfectamente. Tras la escala de 14 horas en el aeropuerto de Abu-Dhabi, todo tecnología, organización y seguridad, me daba la risa.

El viaje en taxi hasta Thamel, el barrio mochilero de la capital, me sirvió para hacerme una idea de a donde había venido. La verdad es que no sabía que esperar de Kathmandu porque apenas había visto fotos en internet, ni me había informado mucho al respecto. Me encontré con una ciudad polvorienta, caótica, y descuidada, en la que el tráfico, la gente y los perros se mezclaban por sus estrechas calles sin aceras. Eso si, rebosante de vida por todas partes, como podéis ver en el vídeo. Caminar por las calles es un estímulo para los cinco sentidos. Montones de ruidos, olores, sabores y visiones de gente y situaciones de todo tipo te asaltan continuamente. Casi diría que hay que concentrarse para centrarte en lo que quieres y a la vez cuidarse de no ser atropellado. Lo cierto es que al principio asusta, de hecho no me extrañaría que alguien que visitara el Sudeste Asiático por primera vez y llegase aquí, echase a correr de vuelta a casa el primer día.

Lo mas curioso es ver a la gente que vive allí, totalmente acostumbrada a ese caos diario. Ves a chicas caminando como si nada en tacones por las calles sin asfaltar, niños jugando y corriendo en medio del tráfico, gente subiendo a un autobús lleno a reventar y con cabras en el techo…etc. Para ellos, todo eso es tan normal como para nosotros caminar por Madrid, que por cierto, es un remanso de paz al lado de la capital nepalí.

Con todo, yo mismo me fui acostumbrando al ritmo frenético de la ciudad. Cada día me parecía menos a un turista y mas a un habitante de Kathmandu. Creo que el punto de inflexión fue un momento en el que tenía que cruzar una carretera de doble sentido y cuatro carriles. En el suelo había un “paso de peatones”, pero tras varios minutos esperando era evidente que allí las cosas no funcionaban como en occidente y no iba a parar ni Dios. Mis sospechas se confirmaron cuando vi a un anciano cruzar delante de mis narices, parando el tráfico con la mano y llegando al otro lado, tan tranquilo. “Donde fueres, haz lo que vieres” dice el refrán, y eso hice yo. Lo cierto es que los coches y las motos me esquivaban o frenaban lo justo para dejarme pasar, pero iban bastante al límite. Al final llegué al otro lado sano y salvo, aunque por poco.

Es un buen reflejo de la vida en esta ciudad, cada día es casi un desafío, pero lo cierto es que una vez que eres parte de ella, es cuando empiezas a disfrutarla de verdad. Detrás de su fea fachada hay mucho que ver y disfrutar antes de escapar a las montañas, pero de eso hablaré la próxima vez, que ya me estoy enrollando mucho.

Hasta la próxima!

Saludos!

Ya que, para bien o para mal (creo que mas bien esto último), Estados Unidos está tan en boca de todos, aprovecho para hablar un poco de el máximo icono del país, y también el monumento mas famoso del mundo junto a la Torre Eiffel; La Estatua de la Libertad.

Como todos sabéis esta estatua fue un regalo de los franceses a los EEUU para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. La trajeron en barco y la montaron en una pequeña isla al sur de Manhattan, que ahora se llama Liberty Island. Muy cerca se encuentra la isla de Ellis, famosa por ser durante años la puerta de entrada a America por mar para millones de inmigrantes venidos del otro lado del Atlántico. La verdad es que tenía que ser esperanzador llegar a New York en busca de una vida mejor, tras días de viaje a través del océano y encontrarse con una visión parecida la de la primera foto.

La estatua realmente transmite algo cuando la ves de cerca. Por eso yo recomiendo siempre visitarla, porque mucha gente se conforma con verla desde el barco que lleva a Staten Island, que pasa cerca de la isla. También hay quien dice que es más pequeña de lo que esperaba. Hombre, desde lejos lo puede parecer, pero mide 46m sin contar el pedestal, mas o menos como un edificio de 14 plantas.

Yo tenía la visita a la estatua incluida con el “New York pass”, un boletín de entradas que vale 110$ e incluye la entrada a los edificios, monumentos y museos mas famosos de la ciudad. Eso si, la entrada solo da acceso a lo alto del pedestal. Para subir al mirador de la corona hay que solicitar un permiso con mucha antelación, pues desde hace unos años se ha limitado el acceso por motivos de conservación.

Para llegar a Liberty Island se coge un barco en Battery Park, que ya de por si vale la pena porque ofrece muy buenas vistas del skyline de Manhattan. Una vez en la isla, muy pequeña y tranquila, se puede dar un paseo y visitar el museo sobre la historia y la construcción de la estatua, bastante interesante. Unas cuantas escaleras llevan a lo alto del pedestal, desde donde se puede disfrutar de una buena panorámica y también, si miras hacia arriba, descubrir como es la estatua por dentro. Esa es la segunda foto, que seguramente aún os estabais preguntando que narices era. Como veis, la estatua es completamente hueca, salvo por esa estructura que, por cierto, también fue diseñada por Gustave Eiffel.

La entrada a la vecina Ellis Island también está incluida, los barcos de vuelta a Manhattan paran allí. Es una visita interesante, pues como mencioné antes fue durante años la puerta de entrada a América para mucha gente, donde pasaban unos controles mucho peores que los de los aeropuertos de la actualidad de los que tanto nos quejamos. Eso si, al otro lado comenzaba una nueva vida para todos los inmigrantes. Mejor o peor…eso ya es otra historia. En el interior del gran edificio que era la aduana, hay un museo que nos cuenta todo este proceso, así como historias particulares de muchas familias y documentos fotográficos.

Así que ya sabéis, no dejéis escapar la oportunidad de visitar La Estatua de la Libertad si viajáis a New York, antes de que algún meteorito, tsunami o cualquier otro desastre natural la destruya :P

Nos vemos!

Hoy, aprovechando que acabo de subir las fotos de Escocia a la página, voy a hablar un poco sobre este pequeño pero espectacular castillo que ocupa la foto de portada del proyecto.

Se trata del castillo de Eilean Donan, en Dornie, al noroeste de las Highlands. Situado en una pequeña isla, unida a tierra por un puente de piedra, parece sacado de una película. De hecho, aparece en algunas como “Los inmortales” (foto de abajo), “El mundo nunca es suficiente” y, como no, “Bravehearth”.

He investigado un poco y esta es su historia, muy resumida; siglos atrás, se trataba de una fortaleza destinada a la defensa contra los vikingos. Sobre sus ruinas el rey Alejandro II ordenó construir el castillo en 1220 y muchos años después, en 1719, fue bombardeado por barcos Ingleses con el fin de expulsar a una expedición española que lo había tomado, para intentar apoyar a los escoceses contra la corona. Por nuestra culpa, el castillo quedo reducido a escombros ^^u. Por suerte en el año 1912 el clan Mcrae, a quien ahora pertenece, inició su reconstrucción, y quedó tan guapo como lo veis en la foto.

La visita merece la pena, el problema es que en las cercanías no hay mucho más que ver y hacer, aunque la zona es preciosa. Yo me había encaprichado con verlo, así que volviendo de Isla de Skye en autobús, decidí pasar aquí una noche. Si se viaja en coche es mucho mas fácil, pues queda de camino a Skye y es muy fácil parar, ver el castillo y continuar en el día.

La entrada vale 6,50 libras. Yo no entré, pues tengo que entendido que realmente no vale mucho la pena. El castillo es pequeño y muchas áreas son privadas, ya que hay gente viviendo en el interior. Lo bueno es que, fuera del horario de apertura, se puede acceder hasta la isla e incluso rodear el castillo. De noche lo iluminan con grandes focos y también es interesante de ver, con un aire mas misterioso.

Hablando de la foto en sí, esta es de las fáciles, porque el castillo no se mueve. Pero aquí la clave es la luz. La foto la hice al atardecer, con el sol a punto de ocultarse tras la montaña del fondo. En estos casos hay que darse prisa, elegir un buen punto de vista y hacer varias fotos para asegurar. Después ya se puede intentar mejorarla. Fue entonces cuando me alejé unos cuantos metros y pude hacer la foto del reflejo, que podéis ver en el proyecto.

Por cierto, visitar este castillo en octubre y que coincida un día soleado se puede considerar un hecho afortunado. La suerte a veces también es muy importante en fotografía ;-P

Hasta la próxima!

Hola!

Bienvenidos a lo que va a ser una especie de blog donde iré subiendo fotos y hablando de viajes y fotografía. Intentaré poner entradas cortas para no aburrir mucho, contando pequeñas (o grandes) experiencias que he tenido durante mis viajes, al tiempo que explico la historia detrás de una foto o la forma en la que la he capturado. También daré algún consejo que otro, siempre desde mi opinión, sobre como viajar solo y como conseguir buenas fotografías, que al final son el mejor souvenir que podemos llevarnos de cualquier país, esos momentos y lugares vistos con nuestros propios ojos y capturados para siempre en la cámara.

Sin ir mas lejos voy a hablar un poco de la foto que he utilizado para este primer post.

Se trata de uno de esos “selfies” que me hago yo en sitios que me gustan. Uno de los pocos problemas de viajar solo es que ,normalmente, no tienes a nadie para que te haga una foto, y cuando se lo pides a alguien, lo mas seguro es que el resultado sea desastroso :D. Por otra parte, los típicos selfis con el móvil (que también me los hago de vez en cuando, para que mentir) me parecen poco naturales. Así que yo prefiero hacérmelas yo mismo con el temporizador de la cámara, apoyándola sobre un soporte adecuado. Esto no siempre es fácil porque, primero, el soporte debe ser liso para que la cámara esté segura, y segundo, debe de estar a una altura adecuada para que la foto salga como quieres.

En este caso lo tenía fácil. Esta foto la hice durante una ruta de varias horas por los alrededores de Fort William, en Escocia, un lugar famoso para realizar senderismo o montañismo. De hecho, esa montaña que veis al fondo es el Ben Nevis, las mas alta de las islas Británicas con unos 1300m. Mucha gente viene aquí para realizar la ascensión a este pico, bastante fácil con buen tiempo. De hecho en el hostal donde me alojé había un chaval que había subido en Vans… No obstante, dicen que en la cima puede nevar cualquier día del año, así que hay que estar al loro del parte meteorológico.

Dicho esto, yo no subí. No estaba en mis planes, y poco me faltó para subir igualmente al día siguiente de hacer esta foto. Pero pensé que tenia aún mucho que ver y no muchos días para hacerlo, así que seguí adelante. Además, Escocia es mucho mas bonito abajo que en las alturas, eso sin duda!

Por último, un pequeño consejo a la hora de hacer fotos a personas frente a paisajes: no pongáis a la persona en el medio de la foto! Eso le resta todo el protagonismo al fondo de la imagen. Si yo me hubiera situado en el centro, la montaña, que es aquí lo importante, no se vería bien. Parece una tontería, pero es un error que comete el 80% de la gente cuando le pides que te haga una foto con algo interesante de fondo.

Hasta la próxima!