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Muy buenas!

Hoy os traigo una de mis fotos mas conocidas, una que a mi personalmente me gusta mucho pues refleja el contacto entre el hombre y la naturaleza, y también el respeto que deberíamos de mostrar por ella. Además, es una foto con una curiosa historia detrás que ahora os voy a comentar.

Me encontraba en Malasia, concretamente en el “Bako National Park”, al norte de la isla de Borneo (el resto pertenece a Indonesia). Este parque nacional merece una mención aparte porque es una pasada de sitio que bien vale un viaje a este país, especialmente si os gusta disfrutar de la naturaleza así que otro día ya le dedicaré una lineas.

El caso es que yo me encontraba dentro de mi alojamiento en plena selva de Borneo, una especie de bungalow de madera con habitaciones compartidas. Era la mañana del tercer día y tocaba prepararse para marchar pero, como era habitual en esa época del año, estaba cayendo el diluvio universal, una tormenta que parecía no tener fin. Preparé la mochila y salí a la zona cubierta de afuera para tomar el aire mientras esperaba a que parase la lluvia para ir a dar una vuelta. Fue entones cuando vi algo pequeño y naranja en el suelo. Era el pájaro de la foto.

Si no me equivoco, se trataba de un tipo de Martín Pescador, una especie de pájaro muy pequeño y de colores muy llamativos. Y hasta aquí llegan mis conocimientos sobre Ornitología :D. El pobre estaba como acurrucado debajo de una mesa. Yo pensé que ,debido a la tormenta, seguramente se habría metido una leche contra la pared de la casa o contra algún árbol y ahora estaría herido o confuso. Tal vez por eso no me resultó demasiado difícil cogerlo y hacerle unas fotos con mi cámara compacta. Ya me estaba encariñando con el y compadeciéndome por su futuro incierto cuando, de repente, se cagó en mi mano. Apenas me había dado tiempo a poner cara de asco y, aprovechando que la lluvia amainaba, el muy pájaro echó a volar, tan rápido que enseguida lo perdí de vista. Mi cara era algo así como o_O?!

Aún me pregunto como ese pequeñajo, que no estaba herido ni mucho menos y que era perfectamente capaz de volar, me dejó acercarme a el de esa manera. Lo cierto es que a pasar del “regalito” que me dejó yo me alegré por el, y además conseguí una buena foto para el recuerdo.

Cosas de la impredecible naturaleza, supongo. Hasta la próxima!