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Muy buenas!

Hoy os traigo una de mis fotos mas conocidas, una que a mi personalmente me gusta mucho pues refleja el contacto entre el hombre y la naturaleza, y también el respeto que deberíamos de mostrar por ella. Además, es una foto con una curiosa historia detrás que ahora os voy a comentar.

Me encontraba en Malasia, concretamente en el “Bako National Park”, al norte de la isla de Borneo (el resto pertenece a Indonesia). Este parque nacional merece una mención aparte porque es una pasada de sitio que bien vale un viaje a este país, especialmente si os gusta disfrutar de la naturaleza así que otro día ya le dedicaré una lineas.

El caso es que yo me encontraba dentro de mi alojamiento en plena selva de Borneo, una especie de bungalow de madera con habitaciones compartidas. Era la mañana del tercer día y tocaba prepararse para marchar pero, como era habitual en esa época del año, estaba cayendo el diluvio universal, una tormenta que parecía no tener fin. Preparé la mochila y salí a la zona cubierta de afuera para tomar el aire mientras esperaba a que parase la lluvia para ir a dar una vuelta. Fue entones cuando vi algo pequeño y naranja en el suelo. Era el pájaro de la foto.

Si no me equivoco, se trataba de un tipo de Martín Pescador, una especie de pájaro muy pequeño y de colores muy llamativos. Y hasta aquí llegan mis conocimientos sobre Ornitología :D. El pobre estaba como acurrucado debajo de una mesa. Yo pensé que ,debido a la tormenta, seguramente se habría metido una leche contra la pared de la casa o contra algún árbol y ahora estaría herido o confuso. Tal vez por eso no me resultó demasiado difícil cogerlo y hacerle unas fotos con mi cámara compacta. Ya me estaba encariñando con el y compadeciéndome por su futuro incierto cuando, de repente, se cagó en mi mano. Apenas me había dado tiempo a poner cara de asco y, aprovechando que la lluvia amainaba, el muy pájaro echó a volar, tan rápido que enseguida lo perdí de vista. Mi cara era algo así como o_O?!

Aún me pregunto como ese pequeñajo, que no estaba herido ni mucho menos y que era perfectamente capaz de volar, me dejó acercarme a el de esa manera. Lo cierto es que a pasar del “regalito” que me dejó yo me alegré por el, y además conseguí una buena foto para el recuerdo.

Cosas de la impredecible naturaleza, supongo. Hasta la próxima!

Saludos!

La ultima vez os hablé de Kathmandu y su cara mas fea, esa tan caótica y ruidosa. Pero una vez acostumbrados al ritmo de vida de esta ciudad también podemos disfrutar de ella, pues en el fondo tiene su encanto y además hay bastantes cosas que ver.

El gran terremoto de abril de 2015 causó estragos en la ciudad, y cuando yo fui aún no había pasado un año. Esto se notaba aunque no tanto como cabría esperar. El ritmo de vida era ya totalmente normal y los destrozos no se notaban en exceso (las casas se construyen tan rápido como se destruyen). Por desgracia la gran excepción era la plaza Durbar, donde numerosos templos con siglos de antigüedad se vinieron abajo por completo y los que seguían en pie estaban apuntalados o rodeados de andamios. Se veían montones de ladrillos aquí y allá, y pequeños grupos de obreros trabajando a un ritmo, digamos, muy relajado. Tampoco me extraña teniendo en cuenta los medios con los que cuentan y lo que deben cobrar…Aún así, la visita vale la pena pues lo que queda sigue siendo muy interesante.

Otros monumentos han corrido mejor suerte y y se conservan bastante bien, como son algunas de las famosas estupas, esas torres con montones de banderas de oración colgando y que son rodeadas por monjes budistas mientras recitan mantras. La mas grande es la de Swayambhunath, a la que se sube por unas enormes escaleras. Arriba, además del monumento, esperan unas buenas vistas sobre la ciudad y un montón de monos tratando de robar nuestra comida. Me acuerdo de comprar un paquete de fruta variada para comerla allí mismo y tener que ponerme junto al vendedor, que con un tirachinas me defendía de los ataques de los macacos. “Eat here. If not, monkey attack!”. Muy profesional el tío :P.

Tal vez lo mas interesante sea simplemente perderse por las calles de la ciudad, que esta llena de vida. De vez en cuando se llega a plazas que sirven de mercado, como la del vídeo anterior, o a pequeños templos con un ambiente muy tranquilo y libre de ruidos. El barrio de Thamel, donde se aloja la mayoría de los turistas, esta lleno de cafeterías y restaurantes de todo tipo, y sobre todo de tiendas de ropa de montaña de imitación, especialmente de North Face. La verdad es que las réplicas son buenas y obviamente mil veces mas baratas que los productos originales, aunque ya hablaré de esto cuando llegue el momento de comentar los preparativos para hacer alguna ruta. También hay un montón de tiendas de todo tipo para comprar cualquier cosa imaginable y muchos vendedores ambulantes, que llevan sus bicis cargadas de fruta, mazorcas de maíz o lo que sea.

Por la noche la ciudad tenía un aire misterioso. Debido a los problemas económicos del país, a menudo el gobierno propiciaba apagones para ahorrar luz, por lo que había que salir a la calle con linterna. Además, la actividad nocturna es muy escasa (los nepalies se van pronto a dormir) por lo que muchas calles estaban casi desiertas y parecía mentira que de día hubiese tanto jaleo, la verdad es que a mi me molaba mucho.

Pero si hay algo realmente interesante en Kathmandu es la gente que vive en ella y la manera en que lo hacen, siempre con una sonrisa en la cara. Los nepalies son las mejores personas con las que me he encontrado viajando, y es muy fácil ponerte a hablar con ellos. Por ejemplo, la chica de la foto es la dependienta de una pequeña tienda de souvenirs que se encontraba cerca de la estupa de la foto. Con 20 años ya estaba casada y era madre de una hija. Como me había dejado hacerle una foto decidí comprarle alguna pulsera. Le pedí una pequeña rebaja por llevarme dos (en Nepal se negocia prácticamente todo) y no solo aceptó sino que al final me regaló otra, todo por un precio irrisorio.

Y estas pequeñas interacciones con gente local son las que, para mí, marcan la diferencia en un viaje. De una conversación entre dos personas nacidas en sitios totalmente diferentes siempre tiene que salir algo interesante, y desde luego se aprenden muchas lecciones. Por eso Kathmandu merece la pena, porque si hay algo que hay de sobra en esta ciudad, es gente.

;-)

Saludos!

Ya que, para bien o para mal (creo que mas bien esto último), Estados Unidos está tan en boca de todos, aprovecho para hablar un poco de el máximo icono del país, y también el monumento mas famoso del mundo junto a la Torre Eiffel; La Estatua de la Libertad.

Como todos sabéis esta estatua fue un regalo de los franceses a los EEUU para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. La trajeron en barco y la montaron en una pequeña isla al sur de Manhattan, que ahora se llama Liberty Island. Muy cerca se encuentra la isla de Ellis, famosa por ser durante años la puerta de entrada a America por mar para millones de inmigrantes venidos del otro lado del Atlántico. La verdad es que tenía que ser esperanzador llegar a New York en busca de una vida mejor, tras días de viaje a través del océano y encontrarse con una visión parecida la de la primera foto.

La estatua realmente transmite algo cuando la ves de cerca. Por eso yo recomiendo siempre visitarla, porque mucha gente se conforma con verla desde el barco que lleva a Staten Island, que pasa cerca de la isla. También hay quien dice que es más pequeña de lo que esperaba. Hombre, desde lejos lo puede parecer, pero mide 46m sin contar el pedestal, mas o menos como un edificio de 14 plantas.

Yo tenía la visita a la estatua incluida con el “New York pass”, un boletín de entradas que vale 110$ e incluye la entrada a los edificios, monumentos y museos mas famosos de la ciudad. Eso si, la entrada solo da acceso a lo alto del pedestal. Para subir al mirador de la corona hay que solicitar un permiso con mucha antelación, pues desde hace unos años se ha limitado el acceso por motivos de conservación.

Para llegar a Liberty Island se coge un barco en Battery Park, que ya de por si vale la pena porque ofrece muy buenas vistas del skyline de Manhattan. Una vez en la isla, muy pequeña y tranquila, se puede dar un paseo y visitar el museo sobre la historia y la construcción de la estatua, bastante interesante. Unas cuantas escaleras llevan a lo alto del pedestal, desde donde se puede disfrutar de una buena panorámica y también, si miras hacia arriba, descubrir como es la estatua por dentro. Esa es la segunda foto, que seguramente aún os estabais preguntando que narices era. Como veis, la estatua es completamente hueca, salvo por esa estructura que, por cierto, también fue diseñada por Gustave Eiffel.

La entrada a la vecina Ellis Island también está incluida, los barcos de vuelta a Manhattan paran allí. Es una visita interesante, pues como mencioné antes fue durante años la puerta de entrada a América para mucha gente, donde pasaban unos controles mucho peores que los de los aeropuertos de la actualidad de los que tanto nos quejamos. Eso si, al otro lado comenzaba una nueva vida para todos los inmigrantes. Mejor o peor…eso ya es otra historia. En el interior del gran edificio que era la aduana, hay un museo que nos cuenta todo este proceso, así como historias particulares de muchas familias y documentos fotográficos.

Así que ya sabéis, no dejéis escapar la oportunidad de visitar La Estatua de la Libertad si viajáis a New York, antes de que algún meteorito, tsunami o cualquier otro desastre natural la destruya :P

Nos vemos!

Hoy, aprovechando que acabo de subir las fotos de Escocia a la página, voy a hablar un poco sobre este pequeño pero espectacular castillo que ocupa la foto de portada del proyecto.

Se trata del castillo de Eilean Donan, en Dornie, al noroeste de las Highlands. Situado en una pequeña isla, unida a tierra por un puente de piedra, parece sacado de una película. De hecho, aparece en algunas como “Los inmortales” (foto de abajo), “El mundo nunca es suficiente” y, como no, “Bravehearth”.

He investigado un poco y esta es su historia, muy resumida; siglos atrás, se trataba de una fortaleza destinada a la defensa contra los vikingos. Sobre sus ruinas el rey Alejandro II ordenó construir el castillo en 1220 y muchos años después, en 1719, fue bombardeado por barcos Ingleses con el fin de expulsar a una expedición española que lo había tomado, para intentar apoyar a los escoceses contra la corona. Por nuestra culpa, el castillo quedo reducido a escombros ^^u. Por suerte en el año 1912 el clan Mcrae, a quien ahora pertenece, inició su reconstrucción, y quedó tan guapo como lo veis en la foto.

La visita merece la pena, el problema es que en las cercanías no hay mucho más que ver y hacer, aunque la zona es preciosa. Yo me había encaprichado con verlo, así que volviendo de Isla de Skye en autobús, decidí pasar aquí una noche. Si se viaja en coche es mucho mas fácil, pues queda de camino a Skye y es muy fácil parar, ver el castillo y continuar en el día.

La entrada vale 6,50 libras. Yo no entré, pues tengo que entendido que realmente no vale mucho la pena. El castillo es pequeño y muchas áreas son privadas, ya que hay gente viviendo en el interior. Lo bueno es que, fuera del horario de apertura, se puede acceder hasta la isla e incluso rodear el castillo. De noche lo iluminan con grandes focos y también es interesante de ver, con un aire mas misterioso.

Hablando de la foto en sí, esta es de las fáciles, porque el castillo no se mueve. Pero aquí la clave es la luz. La foto la hice al atardecer, con el sol a punto de ocultarse tras la montaña del fondo. En estos casos hay que darse prisa, elegir un buen punto de vista y hacer varias fotos para asegurar. Después ya se puede intentar mejorarla. Fue entonces cuando me alejé unos cuantos metros y pude hacer la foto del reflejo, que podéis ver en el proyecto.

Por cierto, visitar este castillo en octubre y que coincida un día soleado se puede considerar un hecho afortunado. La suerte a veces también es muy importante en fotografía ;-P

Hasta la próxima!