Venecia

La ciudad flotante

Venecia es una de esas ciudades únicas que siempre están en la cabeza del viajero. En septiembre de 2015 decidí que era un buen momento para visitarla, y allí me fui durante seis días.

Lo cierto es que Venecia es la típica ciudad víctima de su propio éxito. La afluencia masiva de turistas ha encarecido los precios, lo que ha provocado el éxodo de los jóvenes locales hacía otros lugares del país. Apenas quedan venecianos, y las calles están plagadas de turistas armados con sus palos de selfie.

Aún así, la esencia de la ciudad sigue estando ahí, solo hay que saber donde buscarla. Lo ideal es salirse del camino marcado y perderse por sus laberínticas calles y canales secundarios. Es ahí donde Venecia muestra su lado mas tranquilo y auténtico.

Las pequeñas islas de Burano y Murano son parada obligatoria. Aunque populares, la mayoría de la gente solo está aquí de paso y al atardecer, con la marcha de los turistas, se convierten en lugares de ensueño.

En definitiva, la magia de Venecia sigue estando presente, aunque se ha vuelto escurridiza, esquiva. Su verdadera identidad solo se revela ante aquellos que saben donde, cuando y como mirar, y la recompensa es inolvidable.